Los problemas conllevan oportunidades de cambio, pensar, sentir y hacer; la paciencia y la espera dará la respuesta, forzar la solución con nuestros condicionamientos y necesidades de apego, dan sufrimiento.

Abrirse a la incertidumbre y manejarse en las oportunidades de la vida y confiar, nos equilibra mentalmente.

El apego está basado en la confianza, frente a la inseguridad de la pérdida que nos conduce a la dependencia con las cosas materiales o con personas y patrones relacionales dañinos.

No depender de lo que tenemos, a nivel material y emocional es la base para amar desde la confianza y la seguridad.

 Ejemplos para meditar hoy, pues a menudo nos apegamos a:

  • Las personas.En sus casos más extremos, el aferramiento deriva en dependencia emocional.
  • Los lugares.En ocasiones vivimos una mudanza con insospechado dolor, como si parte de nuestra identidad se quedara allí, en aquella casa que dejamos atrás. Lo mismo puede suceder con objetos propios.
  • Las creencias.Esto se hace evidente cuando, echando una mirada a la Historia de la Humanidad, vemos las incontables veces que hemos matado por ideas (algo que, por cierto, sigue siendo vigente hoy día).
  • La autoimagen. Tal vez no nos sea tan sencillo identificar el aferramiento a las ideas que tenemos sobre nosotr@s mism@s; ideas que, cuando se vienen abajo, conllevan una íntima pérdida.
  • La juventud.En un tiempo en el que la juventud es más bien idolatrada, parece que nadie quiere envejecer. Envejecer, en este sentido, se puede experimentar como una gran pérdida: pérdida de atractivo, de poder, de importancia…
  • Al placer. Instintivamente buscamos el placer, al tiempo que rechazamos lo que huele a dolor.Paradójicamente, este aferramiento provoca más angustia y miedo: miedo a que se diluya el instante de placer, y a que llegue el temible dolor.
  • Los pensamientos.Nuestra mente actúa, a menudo, como una “máquina rumiadora”: tendemos a aferrarnos e identificarnos con los pensamientos, dando vueltas en un circuito reducido.
  • La emoción. Es frecuente el quedarse “enganchado” en las propias emociones. Cuando tenemos una baja gestión emocional, quedamos atrapados en nuestros propios climas emocionales con mayor facilidad.
  • Al pasado. El aferramiento al pasado deja poca disponibilidad para la vida. Cuando nos aferramos a recuerdos dolorosos del pasado, la rumiación puede derivar en una tendencia a la depresión.

Escoge uno de estos y dedícale un tiempo, a la reflexión si ello cambiará en algún momento, y por que hora no quieres cambiarlo, cual es la causa de no querer cambiarlo. Que te hace sostener ese estado o objeto…..

Si uno entiende que llegó al mundo sin nada y nos morimos sin nada, todos aquellos bienes materiales y personas que “poseemos”, no nos van a poder acompañar en la muerte.

La incertidumbre es compañera de la línea de la vida, que se trata de paliar con apegos, con posesiones que brindan tranquilidad efímera. La certeza y la tranquilidad no se consigue con las posesiones, sino al contrario, trae más inseguridad y más apegos.

El desapego, la incertidumbre, la flexibilidad, lo efímero, son prácticas diarias frente a lo desconocido, son las nuevas experiencias que alimentan la vida.

Renunciar al apego a las cosas, no implica rendirse ni ser una persona pasiva,  no se renuncia a la intención, si no al interés del resultado, de tal manera uno se desliga al deseo que se confunde con la necesidad de perseguir metas que en el fondo no nos alimentan.

 

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Suelta, suelta, suelta…..

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